lunes, 29 de noviembre de 2010

Los voluntarios de la Naturaleza


Con su chaleco reflectante y una gran cruz de color rojo a la espalda. Ese es, para muchos, el prototipo del voluntario, el voluntario de Cruz Roja. De hecho, en noviembre, sólo en La Rioja la organización contaba con 2.182 voluntarios, una auténtica legión que, lejos de lo que se pueda pensar, no sólo restringen su actividad a los servicios de socorro y emergencias. Uno de los grupos más jóvenes es el de medio ambiente.

Preservar ríos y montes; conseguir que la naturaleza de que ahora disfrutamos nosotros llegue a nuestros nietos; frenar la escalada de emisiones; lograr un reciclado eficiente... El listado de objetivos es prácticamente infinito.

Esas, entre otras, fueron las motivaciones de Antonio que, una tarde, después de varios años con la idea en la cabeza, decidió empujar la puerta del centro que Cruz Roja tiene en el parque El Oeste de Logroño. Siempre había querido ser voluntario, pero «la sociedad te lleva a un ritmo que te hace creer que estás ocupado y que no puedes dedicarle tiempo». Ha pasado algo más de un año desde aquel día y, junto a Eric, Aurora, Rubén, Julia, David y otros seis voluntarios forman parte del grupo de medio ambiente de Cruz Roja que, poco a poco, comienza a dejarse ver desarrollando actividades en buena parte de la región.

El nexo de unión de un grupo heterogéneo -hombres, mujeres, jóvenes, mayores, españoles, extranjeros- es el amor y el respeto por el medio ambiente. Antonio es claro: «Tengo la ilusión de ver un mundo mejor. El objetivo es cuidar el medio ambiente para nuestros hijos, para nuestros nietos. para el que venga después».

Hasta el momento, y tras poco más de un año de trabajo, las actividades del grupo se circunscriben al seno de la propia organización. Ecoauditorías, manual de buenas prácticas ambientales, visitas guiadas a espacios naturales. «Lo más bonito viene a partir de ahora», aseguran los miembros del grupo al tiempo que animan a cualquier ciudadano a colaborar con ellos.

Hay que vivirlo

Y es que la recompensa, recuerdan, es inmensa. «La gente busca excusas, pero es porque realmente no les interesa», sentencia Julia, la más joven del grupo. Y es que para saber qué es ser voluntario «lo tienes que vivir», dice Eric. «Es una satisfacción personal enorme. Cuando lo haces de corazón el tiempo pasa volando y, además, creces como persona», sentencia. «Es un deber moral con la sociedad, una forma de poder compartir lo que has aprendido».

Lejos de lo que se pueda pensar, quizá el medioambiental es el voluntariado con más beneficiarios. «Hay que tratar de transmitir estos valores a las personas, a grupos de niños, a los mayores para conseguir que se sensibilicen», defiende Aurora mientras David y Julia reiteran que, quien saca provecho de las actividades que han puesto en marcha, es toda la sociedad: «Contribuyes a que la gente tenga una mejor calidad de vida».

En el año largo de funcionamiento del grupo ya se han realizado visitas guiadas a los Sotos de Alfaro, a la Laguna de Pago (Laguardia), además de recorrer las instalaciones de la depuradora de Logroño, el Ecoparque o la potabilizadora. También han organizado diferentes paseos saludables y un concurso fotográfico.

Comparten con el resto de grupos de voluntarios la ausencia de protagonismo. Su objetivo no es, en ningún caso, trabajar de cara a la galería -alguno, incluso prefiere no salir en la foto-. Su único fin es tratar de influir en los demás. «Te sientes muy gratificado por el simple hecho de trabajar en esto», dice Eric, a quien completa Julia: «Son recompensas no materiales, pero mucho más importantes». «Esto no tiene precio. Está superpagado», cierra Antonio.

El Iregua, a examen

En sus reuniones semanales -las realizan los martes en el centro logroñés de Cruz Roja-, planifican actividades y estudian posibles proyectos. Un reto a largo plazo que, de momento, tiene su primer objetivo práctico en la calidad de las aguas del río Iregua. Así, el grupo tiene previsto analizar el agua en diferentes tramos de su cauce y en distintas épocas del año para comprobar cómo le afecta la acción del hombre.

Los datos que se extraiga serán importantes, pero más lo será la posible concienciación de los alcaldes de las localidades por las que discurre: «Si conseguimos que analicen todo lo que arrojan al río, estaremos satisfechos», coinciden. «Simplemente con que pusieran una depuradora y no arrojaran tanta porquería, suficiente», dice Antonio. «Este es un voluntariado joven», dice Rubén, que defiende el ritmo de trabajo del grupo: «Vamos poco a poco. Primero tenemos que conocerlo bien para luego transmitirlo a lo demás».


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