Las persianas son las grandes olvidadas del hogar y su función de resguardarnos del frío, de la luz o del calor sólo se recuerda cuando dejan de funcionar.
¿A quién no se le ha estropeado alguna vez una persiana? Vamos a levantarla para ver un espléndido día y ésta se ha descolgado, teniendo que pagar una buena pasta para que un persianista nos la arregle.
Nada más fácil. Sólo hay que ponerse manos a la obra y con un pequeño esfuerzo el bolsillo te lo agradecerá.
efecto del uso continuado,
los tirones fuertes (descuidados o de los niños) o,
la intemperie (sobre todo las de plástico).
La consecuencia principal es que se rompa la varilla superior de esta, que es la que mayor esfuerzo sufre por ir enganchados a ella los dos cabos de cinta que ejercen la tracción para subirla.
Estos son los pasos a seguir:
Es mejor sacar un poco de varios sitios, poco a poco el tablero de su emplazamiento que sacar el tablero por una sola punta ya que los embellecedores suelen ser finos y de aglomerado, corriendo el riesgo de partirse al hacer palanca.
Dejar el tablero en una posición que podamos después recordar para que vuelva a su emplazamiento igual que vino.
Una vez identificada la lama estropeada (generalmente la lama a la que van anclados los tirantes del rodillo), sustituirla por una tira nueva insertándola en la primera lama útil.
Es importante introducir en ella los dos cabos de cinta que habíamos soltado en posición similar a la que tenían en la varilla rota.
Paso 5: Atornillar de nuevo al rodillo los dos cabos de sujeción (o apoyarlo en su riel de guía).
Es importante asegurarse de que nuestras manazas de chapuzas están limpias si no queremos dejar un imborrable recuerdo en la tapa de nuestra persiana.
Parece complicado pero no lo es en absoluto. Después podrá uno tomarse orgullosamente esa cerveza que se ha merecido como manitas casero y presumir de ello con su pareja, niños, padres y abuelos.
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